Planes de pensiones en España: la ventaja fiscal y el problema de las comisiones

Mirador Financiero · Ahorra e Invierte


¿Tienes un plan de pensiones? ¿sabes cuánto te cobran al año por tenerlo? La respuesta más habitual es un silencio incómodo seguido de «bueno, algo cobrarán, supongo». Si tu respuesta es algo parecido, este artículo te interesa. Ese «algo» puede costar, a lo largo de treinta años, bastante más que el beneficio fiscal por el que lo contrataste.

Los planes de pensiones son el producto de ahorro para la jubilación más conocido en España y, probablemente, el más malentendido. Tienen una ventaja fiscal real y específica. También tienen un problema estructural que conviene entender antes de firmar nada.


En este artículo:

  1. La ventaja fiscal: lo que es y lo que ya no es
  2. El problema de las comisiones
  3. La trampa de la liquidez
  4. El efecto espejo que nadie explica
  5. ¿Cuándo tiene sentido un plan de pensiones?
  6. Lo que sí debes mirar si ya tienes uno

La ventaja fiscal: lo que es y lo que ya no es

Hasta 2021, podías deducirte en el IRPF hasta 8.000 euros anuales por aportaciones a planes de pensiones individuales. Era una cantidad elevada y el producto tenía cierto sentido para quien llegaba a ese límite, sobre todo si lo hacía en los tramos altos de la tarifa.

En 2022 todo cambió. El límite de deducción para planes individuales bajó a 1.500 euros anuales. El Gobierno, en paralelo, subió el límite de los planes de empresa hasta 8.500 euros —pero eso requiere que tu empresa tenga un plan de pensiones de empleo y que contribuya, lo cual no es lo más habitual en el tejido empresarial español.

¿Qué significa en la práctica? Que si ganas 40.000 euros brutos anuales y estás en el tramo del 37%, deducirte 1.500 euros te ahorra 555 euros de IRPF ese año. No está mal. Pero tampoco es el escudo fiscal que fue durante décadas.

El ahorro es real. Lo que hay que calcular es si ese ahorro compensa el resto de las condiciones del producto.

El problema de las comisiones

España tiene uno de los sistemas de pensiones privadas con las comisiones más altas de Europa. No es una opinión: lo dicen los estudios comparativos de la OCDE y lo confirma cualquier análisis de los planes de las grandes gestoras españolas.

Hay un límite legal: desde 2022, la comisión máxima de gestión es del 1,25% anual para fondos de renta fija, el 1,50% para mixtos y el 0,85% para renta variable. Súmale hasta un 0,20% de comisión de depósito. En total, un plan de renta variable te puede costar hasta el 1,05% anual sobre tu patrimonio acumulado.

¿Parece poco? Hagamos el cálculo que nadie hace en la oficina del banco.

Supongamos que tienes 30 años y empiezas a aportar 1.500 euros al año durante 35 años, con una rentabilidad bruta del 7% anual. Con comisiones del 1,05%, tu rentabilidad neta es del 5,95%. A los 65 años habrías acumulado aproximadamente 138.000 euros. Con comisiones del 0,20% —las de un fondo índice de bajo coste—, con la misma rentabilidad bruta y el mismo plazo, el resultado sería de aproximadamente 175.000 euros. La diferencia son 37.000 euros. Solo por las comisiones.

Esos 37.000 euros no son dinero tuyo que el banco se lleva en una sola transacción. Se van drenando silenciosamente, año tras año, sin que aparezca una línea en ningún extracto que diga «coste por tener este producto este mes». Eso es precisamente lo que los hace peligrosos.

La trampa de la liquidez

Los planes de pensiones no son líquidos. Esta es su condición más importante y la que menos se explica en el momento de la contratación.

Cuando metes dinero en un plan de pensiones, ese dinero está bloqueado. Solo puedes recuperarlo en cuatro supuestos: jubilación, invalidez laboral permanente, enfermedad grave o desempleo de larga duración. Hay una quinta ventana: desde 2025, puedes rescatar las aportaciones realizadas con más de diez años de antigüedad, pero solo las anteriores a 2015 —las más recientes siguen bloqueadas hasta la jubilación.

Esto tiene consecuencias prácticas que la gente no calcula. Si a los 45 años tu empresa cierra, necesitas el colchón que tienes en el plan de pensiones y no cumples los requisitos de rescate, no puedes tocarlo. Si a los 55 decides cambiar de país o de vida, ese dinero sigue ahí, encerrado.

No es un problema menor. Es el coste real del diferimiento fiscal: el Estado te da la deducción ahora a cambio de que el dinero esté comprometido hasta la jubilación.

El efecto espejo que nadie explica

Hay algo que los vendedores de planes de pensiones no suelen mencionar: la deducción fiscal de la aportación no es un regalo, es un diferimiento. Cuando llegues a la jubilación y rescates el plan, tributas por todo lo que recuperas como rendimiento del trabajo. Si lo rescatas en forma de capital, la carga fiscal puede ser considerable.

El beneficio real del plan de pensiones es la diferencia entre tu tipo marginal actual —mientras aportas y te deduces— y el tipo que pagarás cuando rescates, que depende de cuánto cobres en esa época. Si tu situación fiscal en la jubilación es similar a la actual, el ahorro neto es mucho menor de lo que parece en el folleto.

Para quien hoy está en el tramo del 45% y tiene pensado jubilarse con ingresos modestos, el diferencial puede ser importante. Para quien está en el 30% y va a cobrar una pensión pública razonable más el rescate del plan, los números salen bastante peor.

¿Cuándo tiene sentido un plan de pensiones?

Para la mayoría de personas en España, los planes de pensiones individuales han perdido gran parte de su atractivo desde la reducción del límite de deducción a 1.500 euros.

Tiene sentido plantearlo si tu tipo marginal es elevado —tramos del 37% o superior—, si tu empresa tiene un plan de empleo al que contribuye y puedes aprovechar los 8.500 euros adicionales, y si tienes la certeza de que tus ingresos en la jubilación serán notablemente menores que los actuales.

No tiene tanto sentido si tu tipo marginal es bajo o medio, si no tienes todavía construido un fondo de emergencia sólido, o si valoras la flexibilidad para acceder a tus ahorros. En esos casos, un fondo de inversión indexado de bajo coste es casi siempre una alternativa más eficiente: sin bloqueo, sin tributación hasta el reembolso, con comisiones entre cinco y diez veces menores que la media de los planes de pensiones españoles.

Si ya tienes un plan de pensiones contratado —y hay muchos en España que los tienen porque los «recomendó el banco»—, lo primero que debes hacer es buscar el DFI (Documento de Datos Fundamentales del Inversor) y localizar la línea de «gastos corrientes». Si supera el 1%, tienes un problema que se agrava cada año. Revisa también la cartera: hay planes que llevan años con la misma política de inversión aunque el horizonte temporal del partícipe haya cambiado completamente. Y si decides quedarte, considera el traslado a una gestora independiente con planes indexados por debajo del 0,30%. El traslado entre planes no tributa. El coste de cambiar es prácticamente nulo.


El plan de pensiones es un instrumento con una lógica fiscal que ya no es la que era, unas condiciones de liquidez que hay que entender antes de firmar, y unas comisiones que en la mayoría de los casos lo hacen considerablemente menos atractivo de lo que parece en el escaparate. La decisión debería tomarse con esa información encima de la mesa, no con la presión del gestor de turno en diciembre recordándote que el plazo acaba pronto.

El plazo acaba pronto todos los años. Tus ahorros tienen décadas por delante.


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Nota: Este artículo es de carácter exclusivamente informativo y educativo. Mirador Financiero no presta servicios de asesoramiento ni intermediación financiera. Antes de tomar cualquier decisión de inversión o contratación de productos financieros, te recomendamos consultar con un asesor financiero autorizado que conozca tu situación personal.